Reflexión de todas las sesiones.
A lo largo de todas las sesiones realizadas durante este periodo he podido observar no solo la evolución académica de las alumnas, sino también mi propia evolución a la hora de dirigir tareas, gestionar conductas y ajustar la intervención educativa según las necesidades individuales de cada una.
En las primeras sesiones me centraba principalmente en explicar las actividades y ayudar cuando aparecían dificultades concretas. Sin embargo, conforme avanzaban las semanas fui aprendiendo a observar más allá del resultado académico, prestando atención también a aspectos como la autonomía, la tolerancia a la frustración, la seguridad personal, las estrategias de resolución y la actitud frente al aprendizaje.
Uno de los aspectos que más he aprendido durante estas sesiones es la importancia de adaptar la ayuda según el alumno y el momento. Al principio tendía a intervenir rápidamente cuando alguna alumna decía que no entendía una tarea, especialmente en el caso de O. Con el paso de las sesiones comprendí que, en muchas ocasiones, sus dificultades no se debían realmente a una falta de comprensión, sino a inseguridad, rechazo inicial hasta la tarea o búsqueda de atención y validación constante. Esto me llevó a modificar mi forma de intervenir, intentando no resolver inmediatamente las actividades, sino guiarlas a través de preguntas, ejemplos o pequeñas pistas que favorecieron el razonamiento autónomo.
También he aprendido la importancia de mantener límites claros y coherentes. Mi tutora me comentó que, al realizar las sesiones yo sola, O. parecía estar «poniéndome a prueba» para comprobar hasta dónde podía desafiar las normas o salirse con la suya. Al principio esto me generaba cierta inseguridad porque muchas veces respondía con conductas desafiantes, negativas o buscando constantemente llamar la atención. Sin embargo, con el paso de las sesiones fui entendiendo que mantener una actitud firma, calmada y coherente era fundamental para que la dinámica de trabajo funcionara correctamente.
Respecto a la evaluación de las alumnas, considero que todas han mostrado avances importantes, aunque cada una desde necesidades y ritmos muy distintos.
C. ha sido la alumna más constante y autónoma durante todas las sesiones. Desde el principio mostró buena comprensión de las actividades, capacidad de razonamiento y una actitud muy positiva hacia el trabajo. Asimismo, destacó constantemente por su compañerismo y disposición para ayudar a las demás. A nivel académico, sus errores suelen ser pequeños detalles ligados con las mayúsculas o alguna confusión puntual, pero en general ha demostrado muy bien nivel de comprensión y organización. Se evolución ha sido más estable que llamativa, ya que desde el inicio mostraba bastante madurez académica y actitudinal.
M. ha mostrado una evolución especialmente interesante relacionada con su forma de trabajar. En las primeras sesiones tendía a priorizar mucho la rapidez, respondiendo inmediatamente y queriendo terminar antes que sus compañeras, incluso llegando a decir respuestas en voz alta sin dejar tiempo para que las demás pensaran. Poco a poco comenzó a controlar impulsos y a trabajar de forma algo más reflexiva. También observé cambios en su escritura: inicialmente escribía rápido descuidando la letra, mientras que posteriormente intentó mejorar la presentación, aunque esto hizo que escribiera mucho más despacio y separa demasiado las letras dentro de las palabras. Creo que todavía necesita encontrar un equilibrio entre rapidez, precisión y organización escrita, pero sí he observado una mayor conciencia sobre la importancia de cuidar el trabajo.
El caso más significativo ha sido el de O., ya que se evolución ha sido mucho más visible tanto a nivel conductual como académico. En las primeras sesiones mostraba una gran inseguridad, necesidad constante de afirmación, dependencia de sus compañeras y rechazo hacia muchas actividades. Frecuentemente decía que no sabía hacer los ejercicios antes incluso de intentarlos, respondía al azar para probar suerte, intentaba copiarse o buscaba constantemente atención, incluso mediante conductas negativas.
Sin embargo, conforme avanzaban las sesiones fui observando pequeños cambios importantes. Aunque seguía necesitando apoyo, comenzó poco a poco a mostrar momentos de mayor autonomía y razonamiento propio. Un ejemplo muy significativo fue cuando, al no saber escribir una palabra, decidió volver hacía atrás para buscarla por sí misma en lugar de esperar directamente a la respuesta. También fue bastante relevante la última sesión, donde trabajó de forma muy positiva, sin mostrar conductas desafiantes o negativas y participando incluso en actividades complementarias de forma tranquila y colaborativa.
A nivel personal, pienso que estas sesiones me han ayudado mucho a desarrollar habilidades vinculadas con la observación educativa, la adaptación de estrategias y la gestión de pequeños grupos. También me han permitido entender que enseñar no consiste únicamente en explicar contenidos, sino también en acompañar emocionalmente, establecer límites, motivar y comprender las necesidades individuales de cada estudiante.
Además, he aprendido que el progreso educativo no siempre es inmediato o lineal. En muchas ocasiones los avances aparecen en pequeños detalles: una alumna que pide menos ayuda, otra que reflexiona antes de responder u otra que consigue trabajar toda una sesión sin mostrar rechazo. Por estos pequeños cambios son los que más me han hecho valorar la importancia de la paciencia, la constancia y la observación dentro del trabajo educativo.


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