Reflexión personal sobre el Prácticum

A lo largo de todas estas sesiones considero que he evolucionado mucho tanto a nivel profesional como personal. Al comenzar, me centraba principalmente en explicar actividades, resolver dudas y conseguir que las alumnas terminaran las fichas. Sin embargo, conforme avanzaban las sesiones fui comprendiendo que dirigir una intervención educativa implica mucho más que enseñar contenidos académicos.

Uno de los aspectos que más he aprendido ha sido la importancia de la observación. Poco a poco empecé a fijarme no solo en si las respuestas eran correctas o incorrectas, sino también en cómo trabajan las alumnas, que estrategias utilizaban, cómo reaccionaban ante los errores, qué nivel de autonomía tenían o cómo influía su estado emocional en el trabajo. Esto me ha ayudado a entender mejor las necesidades individuales de cada una de ellas.

Opino que he mejorado bastante en mi capacidad para guiar las actividades sin dar directamente las respuestas. Al principio, cuando un/a alumno/a decía que no entendía algo, tendía a resolver parte de la actividad para salir de la situación. Con el tiempo he aprendido a intervenir de forma gradual, usando preguntas, ejemplos o pequeñas pistas para favorecer a que por sí mismos/as llegaran a la respuesta.

Otro aspecto en el que siento que he evolucionado es en la gestión de grupo y de conducta. Al principio, me costaba más reaccionar ante comportamientos desafiantes o llamadas de atención constantes, especialmente porque intentaba mantener siempre un clima positivo y tranquilo. Sin embargo, las sesiones me han ayudado a entender que mantener límites claros y coherentes también forma parte del acompañamiento educativo. Poco a poco fui ganando más seguridad para corregir conductas, reconducir situaciones y mantener la dinámica de trabajo sin sentirme tan insegura.

Aún así, pienso que todavía hay aspectos que me cuestan algo más. Uno de ellos es gestionar la atención individual cuando vario/as alumnos/as necesitan ayuda al mismo tiempo. En ocasiones siento que, mientras estoy centrada en uno/a, pierdo de vista lo que hacen los/as demás o no consigo repartir la atención de una manera igualitaria.

También me cuesta mantener el equilibrio entre ayudar y fomentar la autonomía. A veces dudo sobre hasta qué punto intervenir o cuándo dejar que se enfrenten solos/as a la dificultad, especialmente cuando insisten mucho o se bloquean. Para esto me ha ayudado bastante conocer la personalidad de cada uno/a de ellos/as, llegando a saber cuando debía darles más tiempo o intervenir.

Además, el Prácticum me ha ayudado a darme cuenta que muchas veces los avances no son inmediatos ni visibles de forma espectacular. He aprendido a valorar pequeños progresos que antes quizás habrían pasado desapercibidos: una alumna que pide menos ayuda, otra que reflexiona antes de responder y otra que consigue terminar una sesión sin mostrar conductas de rechazo. Ahora entiendo mucho mejor que el aprendizaje es un proceso gradual y que detrás de muchas conductas hay inseguridades, necesidades emocionales o dificultades que no siempre son visibles a primera vista.

En general, opino que he evolucionado bastante en seguridad, capacidad de observación y adaptación. Ahora me siento más capaz de analizar lo que ocurre durante una sesión, comprender mejor las necesidades del alumnado y actuar de manera más reflexiva en lugar de reaccionar únicamente al momento. Aunque todavía tengo aspectos que mejorar, sobre todo, relacionados con la gestión simultánea del grupo y la confianza en mis propias decisiones, siento que estas experiencias me han ayudado mucho a crecer como futura docente y a entender mejor la complejidad real del trabajo educativo.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta